trabajoMuchas personas tienen que trabajar en temas y sitios que no les gustan. Lo hacen para subsistir y porque quizás no han encontrado otras formas de ganar su sustento. Esta condición genera apatía, indiferencia y lleva a que cumplan las tareas con desgano y sin ninguna clase de compromiso. Algunos individuos inclusive se sienten frustrados y hasta consideran que en la vida laboral, han fracasado dadas las circunstancias que les ha tocado asumir o que se han visto obligados a escoger para vivir.

Y es que, a pesar de las consecuencias emocionales que estos comportamientos originan, vemos seres humanos que no hacen nada para cambiar. Se quedan con sus quejas y en los sitios donde supuestamente se sienten seguros, a pesar de la desmotivación y el estrés.

 

Lo anterior se agudiza cuando en los espacios donde se labora, no existe un evidente trabajo de desarrollo humano empresarial. No se reconocen los perfiles educativos ni los éxitos que individualmente o por equipos logran los empleados. Por ello, no es raro que la pereza emerja ante tantas razones para realizar un trabajo con voluntad, responsabilidad y disciplina, valores necesarios para desempeñar cualquier proyecto que se desee llevar a cabo en la vida.

La persona perezosa siempre tiene excusas y razones para no realizar sus tareas y de esta manera asume su vida con pobreza mental y ausencia de tenacidad. El perezoso tiene pocas cosas para sentirse orgulloso, por lo tanto, su poca autoestima forma parte de los aspectos que tiene que transformar y fortalecer, si quiere cambiar su actitud mental.

Quien siente pasión por lo que hace, lo demuestra en su mirada, en sus palabras, en sus gestos, etc. Sus proyectos son su alegría y cuando las cosas no salen como las tenía planeadas, es persistente, perseverante en sus objetivos y sereno. Entiende las vicisitudes y acepta los reveses que surgen durante la travesía que se ha propuesto.

Hay grandes diferencias entre pereza y pasión. La pereza es quietud, la pasión es dinamismo; mientras el perezoso esta ensimismado en no hacer, en no producir, en no crear; la persona apasionada quiere sentir la alegría de los logros, y aunque su ansiedad es alta y el pulso de su corazón se acelera, el tener su mente fija en lo que hace y en los resultados, le genera optimismo y certidumbre.

El ser humano que siente pasión por lo que hace tiene dentro de sí grandes aliados: voluntad, disciplina, perseverancia, paciencia, tenacidad, constancia, entre otros valores cómplices de cada una de sus acciones, además de un manejo del tiempo eficiente y eficaz.

No puede haber desarrollo humano cuando las personas no hacen uso de los recursos con los cuales vinieron dotados y cuando -además- no exploran, ni explotan sus habilidades y competencias.

Sentir pasión por lo que se hace ocasiona satisfacción y es un excelente antídoto contra la pereza, la amargura y la frustración.

En los sitios de trabajo, la pasión debería tener un lugar especial. Ésta, en asocio con el sentido de pertenencia, tendría que mezclarse para tejer grandes confabulaciones que ayuden a hacer las tareas laborales con alegría y dedicación

 

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